Vivo en una indignación permanente es estas últimos tiempos, agravada ésta por la visión del empobrecimiento que va ensombreciendo las vidas de la mayoría excesivamente silenciosa, la de los 11.746.000 de españoles en situación de exclusión social.  Sin pudor alguno, se suceden las noticias sobre cuentas en paraísos fiscales, “mordidas”, sueldos indecentes, enriquecimiento ilícito, sobresueldos, falsificación de cuentas, financiación irregular, apropiaciones indebidas, comisiones, escandalosas indemnizaciones, dinero negro… una retahíla de conceptos que traducidos a nuestro lenguaje habitual significan nada más que robo, indecencia, hipocresía, vergüenza, escándalo, cinismo, injusticia, CORRUPCIÓN. Y al ultraje se suman una y otra vez, los caretos de aquellos que decían que vivíamos por encima de nuestras posibilidades a aquellos que teníamos el atrevimiento de comprarnos una casa una vez hechas nuestras cuentas, con el visto bueno del DSC04132-Bbanco que nos concedía el crédito y con la “osadía” de creer que nuestro trabajo duraría lo que nuestras fuerzas para realizarlo.  Y vemos sus caras gravemente serías e incluso horrorizadas ante la tropelía del partido contrario, y acto seguido pillado “in fraganti” con dineros ajenos mientras grita a la carrera: “¡Y tú más!”.

Estamos asistiendo al bochornoso espectáculo, que ofrecen aquellos individuos que se suman al ofrecido por los empresarios de medio pelo, y que utilizan la política como una herramienta para el enriquecimiento personal/familiar y de poder para callar bocas, torcer miradas y anular cerebros en lugar de trabajar para la prosperidad de la ciudadanía. Hablamos con naturalidad de decenas de millones de euros que se han robado a la asistencia a la dependencia, a aquel estudiante que soñaba con ir a la universidad, al que quiere aprender un idioma, a la mujer maltratada, a los amantes del teatro, a los que quieren trabajar antes de que sea demasiado tarde, a los que no pueden pagar su casa, a la lucha contra el tráfico de drogas, a la salud de todos los españoles…

Hasta aquí la delincuencia “per se”, pero es que por si no fuese suficiente, para llenar aún más las arcas de estos caraduras indecentes se crean leyes que favorecen la impunidad de estos actos: como las amnistías fiscales o los indultos, junto a un bajísimo índice de condenados y más bajo aún de restitución de lo sustraído.

Y los políticos que quedan, salvo honrosas excepciones, parecen de cartón-piedra: unas pocas cosas por un lado, un desconocimiento por otro, unas débiles disculpas por otro y una total inacción enmarcando el cuadro.

Pues sí, señores y señoras, queremos que pasen cosas. Queremos que se devuelva integramente lo sustraido, que se aparte de cualquier cargo público a los imputados, que se agilicen los procesos, que se realicen auditorias independientes, independencia judicial, que se regeneren realmente los partidos o desaparezcan (si no son capaces de elegir a aquellos que son la cara de los mismos), dotar de medios a los órganos de control, consensuar un código ético (y educar en relación a ellos), suprimir los aforamientos… y por pedir, pido que desaparezcan los paraísos fiscales y que no desaparezcan esas abismales diferencias salariales en uno de cuyos extremos hay una persona que cuya nefasta gestión a llevado a su empresa a un rescate, un ERE  o suspensión y que además, eso sí, “a posteriori”,  se parapeta en el total desconocimiento de la materia de la que es la cabeza visible.

En fin. Me niego a creer que mi país es un país de corruptos, pero no me lo están poniendo nada fácil…

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